Lo de Metal Gear Solid es de órdago. Y es que muy pocas veces una saga de videojuegos puede presumir de que todos y cada uno de sus ejemplares están al más alto nivel dentro del cada vez más competitivo entorno del ocio electrónico. Desde su nacimiento en MSX 2, las hazañas de Solid Snake han aportado frescos valores al mundo de los videojuegos, revolucionando de medio a medio el género de la acción bélica. Y así con cada entrega, con un Solid Snake Metal Gear 2 que explotó como ningún otro juego hizo las posibilidades de la segunda generación del estándar MSX y, mucho tiempo después, desatándose desde los 32 bits de la PlayStation original con la ya mítica y extraordinaria odisea en Shadow Moses.
Mucho ha llovido desde estos orígenes, quedando para el recuerdo los Metal Gear programados para NES (repudiados por Hideo Kojima pero, oye, en absoluto bajan de ser juegos notables) y aquellos pocos apuntes que sólo unos privilegiados pudieron presenciar acerca del proyecto que fue llevar la serie a Super Nintendo. Así, y partiendo del bombazo tecnológico (y paranoide) que fue Sons of Liberty y la apasionante genialidad de Snake Eater, llegó la hora de saltar de PlayStation 2 a PlayStation 3. No en vano, con Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots nos encontramos frente al, a día de hoy, único baluarte que posee la consola de Sony para aposentarse definitivamente en el mercado de las máquinas de nueva generación.
Y vaya si lo es. Hemos ido viendo muchas cosas del epílogo definitivo del hijo más querido de Hideo Kojima, pero no es nada comparado con lo que significa disfrutar de Metal Gear Solid 4 de primera mano. Tranquilamente, sin prisas, sin presiones de ningún tipo, sin restricciones a la hora de hablar de lo bueno y lo malo del Blu-Ray más esperado del año... Así, desde Metodologic, os vamos a contar todo lo que ha significado este Guns of the Patriots para el que esto suscribe, siempre dentro de la independencia y la objetividad que otorga el hecho de escribir sin coacciones publicitarias de tipo alguno. No se merece menos un luchador por la libertad como Snake, ¿verdad?
Puesta en marcha
Instalando, que es gerundio... Ocho minutos, ni más ni menos, nos tiene el juego esperando para poder meter parte de su código en las entrañas del disco duro de PlayStation 3. Ocho minutos que, si bien no dejan de ser quejicosos (al que esto suscribe no le termina de convencer la idea de instalar juegos en una videoconsola), sí están muy bien “llevados”, con una impresionante demostración poligonal de un viejo Snake posando mientras se va fumando un pitillo. Mientras, consejos de diversa índole acerca del programa irán apareciendo. En definitiva, un comienzo no tan plomizo como el de otras instalaciones anteriormente vistas en PS3... ¡me asusto de pensar en la de Devil May Cry 4!
Sin embargo, sí que asusta en Metal Gear Solid 4 el espacio requerido: 4,6GB, ni más ni menos. Una cifra que duele lo suyo, máxime si tenemos en cuenta que, a poco que instalemos varias vacas sagradas como el citado Devil May Cry 4, Haze o los cinco gigas del futuro La Conspiración Bourne, ya tendremos que estar en plan PC, desinstalando y pensando en el tedio que tiene que ser el volver a jugar al videojuego recientemente movido de nuestra consola. Opinión la de este párrafo absolutamente personal, por supuesto, pero no creo que se desencamine del parecer general a este respecto.
Además de instalar aparte la opción Metal Gear Solid Online , la obra de Kojima también se detiene entre actos para volver a ubicar nuevos datos en el disco duro. Una medida cuanto menos curiosa, que suaviza sin duda el impacto que sería la salvajada de hacerlo todo de golpe, pero que se nos antoja particularmente extraña. Sí es cierto que, tras cada acto, incluso viene bien el descanso que supone afrontar el clímax de estos episodios... pero mejor hubiera sido ahorrarnos todo esto. Al final, conjeturar acerca del por qué de estos malabarismos técnicos es baladí tan sólo por una razón: Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots es un juego increíble.