| Review: LOLLIPOP CHAINSAW |
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De: Grasshopper Manufacture (creadores de No More Heroes y Shadow of the Damned) ![]() ¡Dame una E!, ¡dame una R!, ¡dame una O! ¡Saaaaaaan Romero! Juliet Starling es una cheerleader inocentona, rubia y macizorra obsesionada con que tiene el culo gordo y adicta a los chupa-chups (y no me vayáis a ser malpensados). Es la hermana mediana de una familia de cazadores de zombies, la cual, en el mismo día en que cumple dieciocho años, debe llegar a tiempo a su propia fiesta de cumpleaños abriéndose paso con su motosierra rosa entre una multitud de muertos vivientes que antes eran alumnos y profesores del instituto San Romero. A Juliet le acompaña la cabeza decapitada y parlante de su novio Nick colgada en su minifalda, y la puede utilizar para colocarla en el cuerpo sin cabeza de ciertos zombies y así, mientras lo anima agitando sus pompones, poder utilizarla en su beneficio. Esta serie de incongruencias solo puede significar dos cosas: o a mí se me acaba de ir la bola ahora mismo escribiendo o que Goichi Suda ha sacado nuevo juego al mercado.
Su colaboración con el guionista y director de cine James Gunn solo pone de manifiesto que lo que sea que fumen estos dos ha salido de muy buena calidad este año. Porque desde luego Lollipop Chainsaw es con toda probabilidad lo más idiota que haya visto y jugado en mi vida desde que descubrí el onanismo. Vamos, que su zafiedad extrema hace que el acto de darse placer uno mismo en público se convierta en una oda a la inteligencia repleta de simbolismo navideño en comparación. Porque su premisa y su mecánica hace de No More Heroes y Shadows of the Damned títulos completamente normales y genéricos. Porque, para bien o para mal, lo nuevo de Grasshopper Manufacture carece de todo sentido común desde sus mismos cimientos de recreativa de los años ochenta. Y esto os lo dice un seguidor incondicional de Suda 51, uno de esos que besan todos los días su foto antes de salir de casa. Y mirad que yo siempre he defendido lo idiota e irreverente sobre todas las cosas, pero me parece que esto ya requiere de atención médica.
He de reconocer que yo estoy lo suficientemente jodido como para sentirme seducido por su estética de comic, su desarrollo loco y sus chistes guarros y simples, pero por otra parte no puedo evitar la comparación con los anteriores trabajos de su creador y ver que estamos ante una nueva licencia que, aunque no está falto de inspiración y buenas formas, tal vez confíe demasiado en la poca salud mental de sus fieles seguidores. Las tonterías que enriquecían y daban personalidad a sus anteriores obras aquí se presentan inusualmente bobas. Y podemos empezar hablando de los diálogos: las conversaciones entre Juliet y Nick son constantes e intentan sin mucho éxito replicar a los geniales diálogos de Johnson y García en Shadows of the Damned. Luego la motosierra de la animadora lleva incorporado un teléfono que sonará de vez en cuando para recibir llamadas que no llevan a ninguna parte y que pretenden sacarnos una sonrisa, pero terminan en su mayoría en fracaso también por su maligna absurdez.
Desde luego, lo más efectivo de Lollipop Chainsaw es su apartado sonoro y visual. En esta ocasión, Akira Yamaoka ha combinado con acierto temas propios con clásicos de muy diferentes y cañeros estilos musicales, pudiendo escuchar desde "You Spin Me Round" de Dead Or Alive o "Turtle Crazy" de Toy Dolls hasta pistas de Arch Enemy o Children Of Bodom. Una banda sonora realmente sensacional que nos hace babear pensando en su salida a la venta por separado y que nos permite incluso crearnos nuestra propia selección musical para ir escuchando nuestros temas preferidos durante el desarrollo del juego. La estética también es sublime, llenando la pantalla de iconos luminosos y llamativos a la mínima que tienen la oportunidad y enfatizando la aparición de cada nuevo personaje con imágenes estáticas tipo comic y toda clase de efectos originalísimos, creando una locura visual equivalente a lo hipnótico de quedarte mirando a una máquina tragaperras. Porque uno no se cansa nunca de cercenar miembros de zombies entre chorros de sangre, arcoíris, destellos rosados, corazones y estrellitas.
Pero vamos a lo que nos importa: la base jugable. Pues sí, lo habéis adivinado, al igual que su hortera y descerebrada estética (aunque apropiada) y sus desgraciados chistes, la jugabilidad de este título es estúpida. Vamos a ver, la cosa empieza con un beat´em up bastante tosco y limitado en el que te ciñes a aturdir a los zombies a pomponazos para poder después decapitarlos con la motosierra fácilmente y a hacer el salto del potro por encima de ellos para partirlos por la mitad. A medida que empiezas a desbloquear en las tiendas Chop2shop.zom (a ritmo de "Lollipop" de The Chordettes) nuevas técnicas y combos, y conforme vas descubriendo los entresijos de sus tres botones de ataque, se presenta ante nosotros un imponente apartado jugable, a años luz de los señores del género como Ninja Gaiden o Bayonetta, pero por encima de la divertida aunque plana jugabilidad a base de golpe de wiimote de un No More Heroes. No se puede decir lo mismo de cuando la motosierra se convierte en el Disparador y lanzamos pintalabios, ya que el lugar adonde apuntamos depende de la cámara, derivando en un “modo disparo” totalmente incómodo y amargo.
Su condición de arcade loco de los años ochenta da el callo desde el principio, ya que, como si se tratara de un The House of the Dead, todo se basa en la puntuación y en el rescate de rehenes. Todas las fases están hábilmente diseñadas para ser rejugadas una y otra vez en pos de ocultar de forma muy eficaz lo que sería de otra forma un título poco longevo. Aquí sí triunfa la mecánica, ya que aunque hayamos finalizado la aventura seguiremos disponiendo de todo lo conseguido y del mapa con todas las zonas para repetir y mejorar la puntuación. Podemos competir por tiempo, por medallas (el premio que sueltan los zombies y que sirve de moneda de cambio) o por puntos. Nuestras marcas pueden ser subidas a la red o ser usadas para competir en un ranking cerrado con el resto de componentes de la familia Starling y desbloquear así los trajes para Juliet de sus dos hermanas, su padre y su madre. Porque dispone de un total de veinte vestimentas desbloqueables entre las que se encuentran las de las protagonistas de "Highschool Of The Dead", aunque hay que decir que esa que nos prometieron de Ash de la saga cinematográfica "Evil Dead" no aparece por ninguna parte, algo que huelga decir me ha jodido bastante… ¿futuro DLC?
Las rutinas que hacen de su condición arcade algo infalible están arraigadas a su gameplay de forma perfecta. Entre su decente abanico de combos, el medidor del modo Estrella que nos hace invencibles y los ataques de Ruleta en los que utilizamos la cabeza de Nick como arma, tenemos que intentar conseguir las suculentas “Cazas brillantes”, que es cuando matamos a tres o más zombies a la vez y recibimos un puñado de puntos extra indispensables para superar la puntuación de papá en cada una de las fases. Pero si antes he dicho que su jugabilidad era estúpida era por algo, ¿no? No todo es tan bonito como parece, ya que su planteamiento convenientemente arcade nos avasalla con minijuegos a cada cual más corta-rollos. Lo que podría convertirse en un desarrollo dinámico y variado gracias a minijuegos muy originales como el baloncesto zombi, se va al traste por culpa de muchos otros humillantemente idiotas como cuando ponemos la cabeza de Nick en el cuerpo de un no muerto, utilizamos el cajón de saltos o el paseo zombi, ya que todo se reduce a apretar los botonicos en el momento adecuado.
Esto se presenta especialmente triste en minijuegos que se les ha ido la mano con la dificultad, como el 'Béisbol zombi', que encima de tedioso y aburrido es obligatorio para poder avanzar, y creedme que cuando lo intentáis más de diez veces el ritmo se corta de cuajo. Menos mal que el tempo de las fases, salvo excepciones como la mencionada, sabe mantener la compostura y sorprender casi a cada momento. Buenos ejemplos son la zona Fulci Fun Center en la que avanzamos introduciéndonos entre distintas máquinas recreativas (con parodia a Pac-Man incluida) o la granja O´Bannon, en la que nos movemos a base de viajes psicotrópicos de setas alucinógenas; como diría un buen amigo mío: me quito el sombrero de Piccolo. Pero si hay una herencia que le ha sentado como un guante a Lollipop Chainsaw esa es la que le ofrece No More Heroes con su elenco de final bosses.
Al final de cada fase, Juliet debe enfrentarse a uno de los Proveedores Oscuros salidos del Mundo Infecto, que no son otra cosa que los zombies jefes que custodian cada zona. Estos jefazos son con diferencia lo más potente que ofrece el lanzamiento. Cada uno de ellos pertenece a una tribu urbana o género musical, por lo que cada zona está sutilmente infectada por los rasgos y la banda sonora que define a cada uno de ellos. Desde el punki-costra de Zed que nos ataca con sus letras gigantescas e insultantes de “chupapollas”, hasta Lewis el Rocker, pasando por el espectacular combate contra Vikke en su barco volador viquingo a ritmo de heavy metal, no hay ni uno solo de estos enfrentamientos que tenga desperdicio. Esto es Goichi Suda en su máxima expresión, con todo el espíritu y fuerza de los combates de ranking de los dos No More Heroes asaltando nuestros recuerdos.
Conclusiones Me resulta sumamente complicado dar una sentencia firme para Lollipop Chainsaw. Puede que tras leer el texto completo os dé la impresión de que no me ha gustado, pero el caso es que no lo sé ni yo. Está claro que no me ha ilusionado ni la mitad que las anteriores obras de Grasshopper Manufacture, pero supongo que era complicado mantener una talla XXL sin morir en el intento. La fuerza y talento de Suda 51 sigue estando ahí, y la prueba la tenemos en personajes con tanta personalidad como Gideon, el padre de Juliet, o el sensei Junji Morikawa, o en detalles como ver a Juliet tapándose las bragas cuando intentamos mirar por debajo de su falda, el exceso de los combates contra los Proveedores Oscuros, la brutal banda sonora (aunque ésta es responsabilidad nuevamente de Akira Yamaoka) o esa estética que mezcla detalles de cómic con una violencia que es el resultado de la fusión entre el gore más chusquero y el rosa chicle, todo ello girando en torno a un mundo creado sobre los nombres de los padres del género zombie.
Toda una delicatessen rebosante de amor de no ser por una mecánica empañada de estupideces solo del gusto del que disfrute al 100% de su desgraciado sentido del humor. Los jefes musicales y parte de su cachondeo con toda la esencia de “Pajares y Esteso” consiguen que te olvides por momentos de lo que termina siendo un juego muy, muy tonto. No estoy hablando de patologías preocupantes como la que sufre Hyperdimension Neptunia, pero tampoco de idiotas encantadores como Shadows of the Damned o cualquier Monkey Island, que te puedes tronchar con ellos. Una cosa está clara: si Goichi Suda no recibe una paguica por Lollipop Chainsaw es porque no quiere.
Por Afro Percal
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